“En este artículo me voy a referir a estos seres. Son los atlantes de la vida. A continuación relataré algunos de mis encuentros con “ángeles en la Tierra”, los mismos que me asombran y llenan el alma

OPINIÓN. Es posible. Por Rosa María Badillo
Historiadora y escritora. Coordina el proyecto Arco Iris de Madres Narradoras


26/12/18. Opinión. La historiadora y escritora Rosa María Badillo habla en su nueva colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com de las personas que se encuentra y “que alumbran mis pasos con sus palabras, día a día; algunas conocidas, otras no. Personas que sostienen la vida y la enriquecen compartiendo su experiencia. Personas que dignifican el hecho de ser seres humanos porque...

...expresan su humanidad”.

Un ángel en el camino

CUANDO miro a una persona, no me fijo en si tiene dinero o estatus, lo que me importa es si contribuye a la vida. Hay una frase de gran belleza, inscrita en azulejos, que se puede leer en la entrada de la fundación Cudeca (1), dice así: “Yo esperaba encontrar a los ángeles en el cielo; pero, los he encontrado en la Tierra”. En este artículo me voy a referir a estos seres. Son los atlantes de la vida. A continuación relataré algunos de mis encuentros con “ángeles en la Tierra”, los mismos que me asombran y llenan el alma.

LA anciana desconocida. Hoy, he entrado en el mercado buscándola. Tenía la esperanza de hallarla en el puesto de la fruta o en la panadería. Pero; los puestos estaban desiertos, sin clientes a los que les gustara madrugar. Me la encontré allí, con su carro de la compra. No sé cómo empecé a hablar con ella. Tendría unos setenta años y no tenía nada que ocultar, que perder o aparentar. Enseguida me di cuenta de su extraordinaria inteligencia; así que le pregunté y le pedí consejo sobre muchas cosas. Sus respuestas transparentes eran agua viva para un corazón sediento. Me pareció una mujer entrañable y con tanta sabiduría, que esta mañana lamenté no haberla invitado a un café.

EL hombre de las telas. Fui un sábado por la tarde a comprar unas cortinas. Era un día espléndido donde sólo apetecía pasear. Sin embargo, aquel almacén de tejidos estaba abierto y sus empleados trabajando, qué mérito. Me atendió un hombre cuya eficacia y disponibilidad me sorprendieron. Su solicitud y consideración me llamó mucho la atención, hasta el punto de que cuando terminó de despacharme le di las gracias por su profesionalidad y un beso.

LA barrendera sabia. Alicia pertenece al cuerpo de limpieza del pueblo de Mijas. Todos los días nos la podemos encontrar barriendo sus calles. Lo que más destaca de ella es su sonrisa, acompañada siempre de palabras amables y sabias. Ella es una gran señora, una persona excepcional con la que comparto mi pasión por la Historia; pues ambas somos historiadoras. Cuando hablas con ella es como poder acceder a lo mejor de la cultura. Su traje de faena amarillo limón esconde una farola que, barriendo, trae luz al mundo.

UN hombre feliz. Paco tiene unos cuarenta años, es moreno y enjuto. Es dueño de una floristería que hace esquina, donde se encuentran todos los vientos. Desde hace tiempo lo tengo “fichao”. Se nota a leguas que está contento con su vida. Siempre se las ingenia para hacerte una rebaja, por muy barata que sea la planta que le vayas a comprar. Sus buenos días te alegran la mañana.

EL tenista. La otra mañana iba paseando, cuando veo que por la acera contraria va corriendo un hombre que conozco. Suele ser entrevistado por su magnífica labor al frente de la escuela de tenis, cuyo nombre es Amor y Paz, que está en Marbella. Desde donde yo estaba le pregunto: “¿Tú eres el gran tenista?” A lo que me responde: “No, soy el tenista”. Para mi asombro cruza la carretera y se dirige hacia mí, deteniendo su actividad deportiva. Es Pepe Imaz. Nos saludamos y le doy las gracias por sus honestos testimonios, recogidos en Internet, que un día me ayudaron en mi caminar. Me mira profundamente y comparte conmigo su verdad: “Siente..., actúa de corazón..., que la vida organiza...”. Lo que me dijo me llegó hondo y lo aplico cotidianamente.

Y así me encuentro a muchas personas que alumbran mis pasos con sus palabras, día a día; algunas conocidas, otras no. Personas que sostienen la vida y la enriquecen compartiendo su experiencia. Personas que dignifican el hecho de ser seres humanos porque expresan su humanidad. Y, ¡hay tantas…! Cruzarnos con ellas, os lo aseguro, es lo mejor que nos puede pasar.

(1) Cudeca es una fundación donde se ayuda a cuidar a los enfermos de cáncer.

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